Andrea Cortijo

Qué es el Yin Yoga y por qué es el mejor aliado para tu sistema nervioso

¡Hola! Soy Andrea Cortijo. Hoy quiero hablarte de una práctica que cambió mi forma de entender el yoga y, sobre todo, de entenderme a mí misma: el Yin Yoga. Pero antes de entrar en beneficios técnicos, quiero contarte cómo llegué yo hasta aquí, porque mi camino no fue precisamente “zen” desde el principio.

Siempre he sido una persona muy exigente conmigo misma. Esa autoexigencia me ha ayudado a avanzar en la vida, pero también ha sido una presión constante. Cuando empecé a practicar yoga hace más de 10 años, trasladé esa misma rigidez a la esterilla. Me encantaban las clases “cañeras”, intensas, y me aburrían profundamente las prácticas suaves. Para mí, si no había sudor o posturas avanzadas, sentía que estaba perdiendo el tiempo.

Cuando el cuerpo dice "basta": el espejo de la exigencia

El cuerpo es sabio y empezó a enviarme señales. Me di cuenta de que las prácticas tan activas, especialmente por la tarde, alteraban mi sistema nervioso. Me costaba muchísimo conciliar el sueño; estaba físicamente agotada pero mentalmente acelerada.

A pesar de las señales, me costó asumir que necesitaba parar. Mi voz interna me decía que practicar posturas sencillas era absurdo. Me comparaba con los demás: si alguien hacía una invertida que yo no podía, me esforzaba más. Mi refugio se había convertido en un lugar de autoexigencia.

Y creo que esto es algo muy común. Lo veo en mis
clases de yoga en Barcelona: vivimos en una sociedad obsesionada con la productividad y los resultados. Perseguimos ideales de perfección física, laboral y familiar que nos agotan. En ese sobreesfuerzo, dejamos de escuchar al cuerpo y los espacios para la pausa se reducen. Si no estamos “haciendo algo”, nos sentimos culpables.

En mi caso, fue una lesión en la muñeca la que me obligó a detenerme durante semanas. Aunque al principio me frustró, fue un regalo. Me obligó a probar el Yin Yoga.

Te confieso que, al principio, lo pasaba fatal. Estar varios minutos en una misma postura me parecía un horror. Me ponía de muy mal humor. Sin embargo, en el fondo, sabía que me hacía bien. Poco a poco, comprendí que sostener una postura en quietud me permitía conectar con mi impaciencia y mi malestar. Fue un aprendizaje enorme: el Yin Yoga me enseñó a aceptar el momento presente, aunque incomode, entrando en contacto con emociones que solemos rechazar, como la rabia o la tristeza.

Comprendí que la quietud es, en realidad, una práctica muy avanzada por el nivel de entrega que requiere. Años después, me fascinó tanto que decidí formarme como instructora en esta disciplina.

¿Sientes que necesitas bajar el ritmo?

Te invito a probar mis clases de yoga online o mis sesiones presenciales en Barcelona. Es el espacio perfecto para soltar la exigencia y empezar a escucharte de verdad.

¿Qué es exactamente el Yin Yoga?

A diferencia de los estilos más dinámicos (Yang), el Yin Yoga es una práctica de quietud y apertura profunda. Se basa en tres pilares:

  1. Sostener el tiempo: Las posturas se mantienen entre 3 y 5 minutos (o más).
  2. Buscar la quietud: Una vez que encuentras tu límite suave, te quedas ahí, dejando que los músculos se relajen.
  3. Trabajar los tejidos profundos: Al relajar el músculo, la estimulación llega al tejido conectivo, fascias y articulaciones.
Por qué ayuda a calmar el sistema nervioso

Patanjali, en los Yoga Sutras, define el yoga como el cese de las fluctuaciones mentales. El Yin Yoga es la vía directa hacia ese estado. Al parar el movimiento físico, nos damos cuenta de todo el ruido que hay en nuestra mente.

Al permanecer en la postura, aprendemos a fluir. Fluir significa desapegarse del resultado (cómo de perfecta es la postura) para vivir plenamente la experiencia. Nos centramos en la respiración y en la sensación, no en la meta final. Esto activa el sistema nervioso parasimpático, el encargado del descanso, la digestión y la recuperación de nuestro cuerpo.

El aprendizaje de permitirse "ser"

Para no volver a caer en la exigencia, me hice una promesa: sostendría la postura, pero si el cuerpo me enviaba señales de dolor o mi mente colapsaba, me respetaría. Decidí que no tenía que demostrar nada a nadie, ni siquiera a la profesora.

Este ha sido mi gran aprendizaje y en el que sigo trabajando cada día:

  • Permitirme estar con lo que hay.
  • Permitirme no estar siempre en mi mejor versión.
  • Permitirme descansar todo lo que necesito.
  • Permitirme no exigirme tanto.

Incluso a mí, que me dedico al ámbito de la salud, me cuesta permitirme estar baja de energía, pero me esfuerzo en elegir lo que me nutre y me da calma.

Tu práctica como un acto de amabilidad

El yoga me ha enseñado que no hay una única manera correcta de practicar. El cuerpo cambia, la energía cambia y la vida cambia. Acompañar esos cambios con amabilidad es el verdadero camino.

Si hoy decides que tu práctica será simplemente quedarte estirada respirando, está bien. No es un desperdicio de tiempo; es un acto de escucha profunda.

¿Empezamos a soltar la exigencia?

Si quieres experimentar los beneficios del Yin Yoga y aprender a calmar tu sistema nervioso, estaré encantada de acompañarte. Recuerda que puedes agendar una breve videollamada conmigo si tienes dudas sobre por dónde empezar o si esta práctica es adecuada para tu situación actual.

Andrea Cortijo
Yoga y Meditación en Barcelona · Especialista en Yin Yoga